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PHQ-9, GAD-7 y ASRS: qué es un cribado y qué no es

Un cribado está diseñado para equivocarse en una dirección concreta. Entender cuál cambia por completo cómo se lee el resultado.

Publicado el · 5 min de lectura · TSDFACT

Un instrumento diseñado para equivocarse

Suena mal dicho así, pero es exactamente el objetivo. Un cuestionario de cribado —o tamizaje— no está hecho para acertar: está hecho para no dejar pasar casos. Prefiere señalar a diez personas que están bien antes que dejar sin señalar a una que necesita ayuda.

Entender esa asimetría cambia por completo cómo se lee un resultado. Un cribado positivo no dice «tienes esto». Dice «aquí hay algo que vale la pena mirar con alguien».

PHQ-9, GAD-7 y ASRS: qué es un cuestionario de cribado y por qué no diagnostica

Los cuatro más usados

InstrumentoQué exploraÍtemsVentana
PHQ-9Síntomas depresivos9Últimas 2 semanas
GAD-7Ansiedad generalizada7Últimas 2 semanas
PSS-10Estrés percibido10Último mes
ASRS v1.1TDAH en adultos6 (parte A)Últimos 6 meses

Los cuatro son instrumentos reales y de dominio público: el PHQ-9 de Kroenke, Spitzer y Williams (2001); el GAD-7 de Spitzer y colaboradores (2006); el PSS-10 de Cohen, Kamarck y Mermelstein (1983); y el ASRS v1.1, desarrollado por la Organización Mundial de la Salud. No son cuestionarios de revista: son los mismos que se usan en atención primaria en todo el mundo.

Lo que cambia no es el instrumento, sino el contexto en que se aplica y quién lee el resultado.

Dos de ellos no miden lo que parece

El PSS-10 no mide cuántas cosas te han pasado. Mide cuánto estás percibiendo tu vida como impredecible, incontrolable y sobrecargada. Dos personas con el mismo mes objetivo pueden puntuar muy distinto, y eso no es un defecto del instrumento: es lo que quiere capturar.

El ASRS no se suma. A diferencia de los otros tres, no hay un total. Cada uno de los seis ítems tiene su propio umbral según la frecuencia marcada, y lo que se cuenta es cuántos ítems alcanzan su umbral. Sumar las respuestas del ASRS, como hacen muchas webs, da un número que no significa nada.

Por qué el punto de corte no es una frontera

Los cribados traen puntos de corte publicados —por ejemplo, tramos de severidad en el PHQ-9— y es tentador leerlos como categorías. No lo son. Son decisiones estadísticas tomadas para equilibrar dos errores:

  • Sensibilidad: qué proporción de los casos reales detecta. Un cribado se diseña con sensibilidad alta.
  • Especificidad: qué proporción de los que no tienen nada quedan correctamente fuera. Aquí se sacrifica precisión a propósito.

Bajar el punto de corte detecta más casos reales y produce más falsas alarmas. Subirlo reduce las alarmas y deja escapar casos. Para un cribado, el segundo error se considera más grave, así que el corte se pone bajo. Ese es el motivo exacto por el que un positivo significa poco y un negativo significa bastante más.

Y una consecuencia directa: la diferencia entre un 9 y un 11 no separa dos mundos. Son dos puntos en un continuo, y un día malo o una pregunta interpretada de otra forma los mueve.

Lo que un cuestionario no puede hacer

Aunque el instrumento sea válido, hay cosas que están fuera de su alcance por diseño:

  1. Descartar causas médicas. Un hipotiroidismo, una anemia, un efecto secundario o un trastorno del sueño producen síntomas que un cuestionario de depresión recoge igual. Solo una evaluación clínica los separa.
  2. Distinguir cuadros parecidos. Los síntomas de ansiedad, depresión, duelo y agotamiento se solapan mucho. Nueve preguntas no los discriminan.
  3. Valorar el contexto. Puntuar alto tras una pérdida reciente no es lo mismo que puntuar alto sin razón aparente, y el cuestionario no sabe cuál es tu caso.
  4. Medir el deterioro real. Lo decisivo clínicamente es cuánto interfiere en tu vida, y eso se explora conversando.

Por eso la frase no es un formalismo legal: un cuestionario orienta, no diagnostica. La entrevista clínica no es un trámite que el test se ahorra, es donde ocurre el trabajo.

Para qué sí sirve responderlos

Dicho todo lo anterior, tienen tres usos genuinos:

  • Poner nombre a algo difuso. Ver los síntomas enumerados ayuda a pasar de «ando raro» a algo describible.
  • Dar el primer empujón. Un resultado en zona alta es, para mucha gente, el motivo concreto que faltaba para pedir una cita.
  • Seguir una evolución. Responder el mismo cuestionario cada cierto tiempo da una referencia sobre si algo mejora, y eso es información útil para llevar a consulta.

El tercero es, de lejos, el más valioso, y casi nadie lo aprovecha.

Si vas a aplicarlos en tu organización

Aparece con frecuencia la idea de usar estos cuestionarios en programas de bienestar laboral. Tres advertencias antes:

  • Los resultados son datos de salud, y en Perú eso los convierte en datos sensibles bajo la Ley 29733, con consentimiento escrito y medidas reforzadas.
  • Nunca individualizados hacia la empresa. Si el empleador puede ver quién puntuó qué, el instrumento deja de ser clínico y pasa a ser un riesgo laboral y legal.
  • Jamás en selección de personal. Cribar la salud mental de un postulante no es una evaluación de competencias; lo tratamos en tests psicométricos para contratar.

Conclusión

Un cribado es una señal, no una etiqueta. Está construido para que se enciendan más luces de las necesarias, porque el coste de una falsa alarma es una conversación y el de un caso no detectado puede ser mucho mayor.

Leído con esa clave es una herramienta útil y gratuita. Leído como un veredicto, produce ansiedad por un lado y falsa tranquilidad por el otro. Puedes responder los cuatro en Pruebas Mentales, donde cada uno viene con su advertencia y con el aviso de salud y las líneas de ayuda por país. Si lo que te interesa es cómo se interpreta una puntuación psicométrica en general, está en cómo leer el resultado de un test.