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Un rebote no es solo un correo que no llegó. Es una señal que el proveedor del destinatario anota a nombre de tu dominio.
Publicado el · 4 min de lectura · TSDFACT
La intuición dice que un correo rebotado es un correo que no llegó y ya está. No es así. Cada intento de entrega a una dirección inexistente queda registrado por el proveedor del destinatario, y lo registra a nombre de tu dominio.
Acumula suficientes y el efecto no es que rebote uno más: es que los correos a direcciones que sí existen empiecen a caer en la carpeta de spam. El daño no está en los que no llegaron, sino en los que dejarán de llegar.
| Rebote duro | Rebote blando | |
|---|---|---|
| Causa | La dirección o el dominio no existen | Buzón lleno, servidor caído, mensaje muy pesado |
| ¿Cambiará? | No | Puede que sí |
| Qué hacer | Eliminar de la lista, siempre | Reintentar, y eliminar tras varios seguidos |
| Daño | Alto | Bajo si no se repite |
El error que más caro sale: reenviar a direcciones que ya dieron rebote duro. Insistir con una dirección que el servidor ya declaró inexistente es exactamente el comportamiento de quien envía a una lista comprada, y los filtros lo leen así.
Como referencia práctica, una tasa de rebote por encima del 2% ya es una señal que conviene atender; por encima del 5%, algunos proveedores empiezan a tomar medidas. Los umbrales exactos varían y no se publican, pero el orden de magnitud es ese.
No hace falta hacer nada mal. Una lista se degrada por su cuenta:
Hay además un riesgo poco conocido: las trampas de spam. Son direcciones que los proveedores dejan circular —a veces direcciones reales abandonadas y reactivadas con ese fin— cuyo único propósito es detectar a quien envía sin permiso. No rebotan: reciben el correo y marcan tu dominio. Por eso una lista comprada es un riesgo desproporcionado: casi seguro contiene alguna.
Validar una lista tiene tres niveles, de más barato a más caro:
Para los dos primeros niveles no hace falta contratar nada: puedes pegar la lista en el validador de correos de ChasquiMail y detectar erratas, duplicados, dominios inexistentes y direcciones desechables antes de enviar.
El escenario clásico: 6,000 contactos de hace tres años y ganas de reactivarlos. Mandarles a todos de golpe es la forma más rápida de arruinar un dominio. El procedimiento que funciona:
Vale la pena saber qué está mirando el otro lado, porque ordena las prioridades:
Obsérvese que tres de los cinco dependen de la calidad de la lista, no de la herramienta ni del diseño del correo.
Una lista pequeña y viva vale más que una grande y muerta, y no es una frase motivacional: es lo que miden los filtros. Dos mil contactos que abren producen más resultados y menos daño que doce mil de los que la mitad ya no existe.
Validar antes de enviar cuesta unos minutos. Recuperar un dominio con mala reputación cuesta meses. Sobre los límites de envío y cómo calentar un remitente, está enviar correos masivos con Gmail sin que te bloqueen; y sobre cuándo conviene dar el salto a una plataforma, SMTP propio o plataforma.